Ayer escuché un podcast que me dejó pensando durante horas. Entrevistaban a Eileen Collins en el podcast Coaching for Leaders. Una mujer extraordinaria: la primera mujer comandante de una nave de la NASA. Una de esas personas que, cuando habla, notas que no sólo sabe muchísimo, sino que ha vivido situaciones donde la toma de decisiones implica un riesgo real.
Hubo muchas cosas que me impactaron, pero especialmente una.
Ella decía que confía en sí misma no porque piense constantemente “soy capaz”, sino porque confía profundamente en cómo se ha entrenado.
Y me pareció una diferencia enorme respecto a muchos discursos que buscan más un me gusta que proporcionar una herramienta o un cambio real. Además, es una afirmación con la que estoy profundamente de acuerdo.
La confianza no aparece antes de atreverse. Aparece después de haber hecho, de haber atravesado la vulnerabilidad y comprobar que eres capaz de sostenerla.
Porque muchas veces entendemos la confianza como una cuestión de autoestima, de carácter o incluso de mentalidad positiva. Pero la confianza de verdad no nace de repetirte que puedes hacerlo.
Nace de saber que has entrenado las habilidades necesarias para responder cuando las cosas no salen como esperabas.
Y ahí pensé inmediatamente en el liderazgo, en el deporte, en las organizaciones y en todos los equipos con los que trabajo.
Durante años nos han enseñado a entrenar tareas, procedimientos, pasos concretos y qué hacer en cada situación. Pero la realidad no funciona así. La realidad, la presión, las personas y los contextos cambian constantemente.
Y cuando eso ocurre, quien sólo aprendió la tarea se bloquea.
Mientras escuchaba el podcast me vino una imagen muy clara a la cabeza. Si tú aprendes que para resolver una situación tienes que pulsar un botón rojo, el día que llegues y no haya un botón, sino una palanca, te quedarás buscando desesperadamente el botón rojo. En cambio, si entrenaste la habilidad y no únicamente la tarea, sabrás analizar la situación, adaptarte y responder ante ella.
Y eso me parece una de las grandes diferencias entre ejecutar y liderar.
Porque liderar no consiste en tener todas las respuestas memorizadas. Consiste en entrenar la capacidad de pensar, decidir y actuar cuando el escenario cambia.
Ahí es donde entra algo que veo constantemente en empresas, equipos y también en el deporte: la dificultad para tomar decisiones incómodas.
Muchas personas creen que si no miran el problema, el problema desaparecerá. Que si esperan un poco más, quizá se resuelva solo y que si aplazan una conversación difícil, el tiempo hará el trabajo. Pero normalmente ocurre justo lo contrario.
Lo que no se aborda, crece.
Y aquí quiero compartir una idea que a veces simplificamos demasiado: no siempre es una falta de voluntad del líder. Muchas veces lo que falta es entrenamiento emocional.
Porque tomar decisiones difíciles requiere sostener la incomodidad, comunicar con claridad, escuchar al equipo sin perder el foco, confiar en las personas que tienes al lado y gestionar la presión, la incertidumbre y el miedo al conflicto.
Y eso también se entrena.
De hecho, probablemente ése es el entrenamiento más importante de todos.
La comandante del podcast hablaba constantemente de la confianza en su crew, en su equipo. Y me pareció precioso, porque los grandes líderes no son quienes creen que pueden hacerlo todo solos, sino quienes saben construir entornos donde las personas pueden pensar, participar y responder juntas cuando la situación lo exige.
Y esto no se improvisa. Se entrena y se practica. Igual que entrenamos el cuerpo, entrenamos la mente, la comunicación, la capacidad de decidir y la manera en que reaccionamos bajo presión.
Mientras terminaba de escucharla pensé en algo que, para mí, resume perfectamente todo esto:
Ser positivo no significa creer que todo va a salir bien.
Significa confiar en tu capacidad para resolver las cosas cuando salen mal. Y esa confianza proviene de haber entrenado las habilidades necesarias para afrontarlo.
Porque al final, el liderazgo no consiste en evitar las turbulencias, consiste en entrenarte para responder cuando aparezcan.
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